6.11.08

El turno del aullante

Era como si el fantasma de un hombre que se hubiera ahorcadoregresara al lugar de su suicidio, por pura nostalgia de beberotra vez las copas que le dieron valor para hacerlo y preguntarse,tal vez, cómo tuvo coraje.Malcom Lowry, Bajo el volcán... y sepa dónde y cuándo apuñalaron mi cadáver.

A Valquiria

Caidal mi pinche extrañación vino de golpea balbucir sepa qué tantas pendejadas;venía dizque a escombrar lo que el almaje me horadaba,y a tientas tentoneó para encontrarseun agujero tal de tal tamaño que en su adentromi agujereaje y yo no dábamos no piesino siquiera mentábamos finarde donde a rastras pudiera retacharse nuestro aullidoEso es lo que me queda -dije- de tanta extrañacióncomo he tenido; un hueco nada más, y ya me crujodel tanto temblequear de que ese huecodel mucho adolorar se me deshuequey ya ni hueco en que caer tengamosni mi agujero ni mi yotan deshuecado invertebral volvidoque ni a madrazos mi almaraje quieraponerse a recoger su trocerío.Caidal mi pinche extrañación se fue de golpeluego de extremaunciar sepa qué tantas pendejadas;no le entendí ni madres de todo lo que dijo,pero sentí que era de cosas que desgracian.A buena hora se te ocurre - dije-venirme a jorobar con lo pasado,cuando que a puro ferretear me atasco el alma;si no fuera por tanto pinche clavo que me clavo,ya ni memoria ni aulladar tendría.A mí de sopetón una mujer me destazó en lo frío,y desde entoncesa puro pinche ardor me estoy enfriando.Ni lumbre en el finar del almaraje y sus trocitos queda,y sólo el agujero está y estamos dentromi esqueletada y yo y mis agujeros,a trompicones tentaleando fondopara por fin tener donde aventar el almay de una vez echar la moridera.Luego de extremaunciarme el esqueleto,mi pinche extrañación se fue de golpe;a tales rumbos me aventó de lejosque pura mugre soledad me fui encontrando;de arrempujón en empujón llegué a mis huecos,todo ya de oquedad hallado hoyado,y sin huesaje ya y sin nadaen que la agonición llevar acabo.Es frío -me dije- lo de agonir que tanto escalda,pero el asunto es memoriar lo que en trocitosdel almaje va quedando de esa mujer, y yo memoriode cuando me hoyancó, y luego hubo un desmadre talque estropició la elevación de los San Ángel,y memoreo, también, que al destazarmelos huesos se me fueron hasta un deshuesadero talque, entonces, mi agujereaje y yo crujímonos de frío,y a puro pinche enfriar hemos andado desde entonces.Extremahumado ya,ni un chinguirito de lumbre en el almaje y sus retazos quedapara lumbrar siquiera el huésar donde a tumbosvelorio a esa mujer que desahució mi almarioy cascajó, de paso, la ardidera.Una llagada me dejó, y qué llagada,y a luego hubo un friadal y un chingo más de cosasque a chingadazos, pues, me auparon la caída.Si así -me dije-, sin nada de huesary a puro bújero velorearé por siempre a esa mujermientras chinguitos del almar me queden,y siendo como es de frío lo de agonir que tanto escalda,mejor ya de uan vez me descerrajo el almay a ver en qué lugar la moridera boto.Ya ni mi triste corazón me aguanta nada,y ya que en éstas del morir me esculco muerto,dada la extremaunción, el último traguitomi agujereaje y yo nos lo echaremos solos.Briagados ya, y a tarascazos, dando fondo,vidriaremos por ahí a ver en qué mugre velorionos aceptan:resurreccir como que está bastante del carajo,y este pinche camión de Tizapán que ya no pasa,como que nada más hasta un barranco hubo llegado.
[junio de 1971]

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