8.4.09

I ANIVERSARIO SALA DE LECTURA MAX ROJAS, 23 ABRIL, 17 HRS




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ESTAN LISTAS LAS EDICIONES I, II Y III DE CUERPOS
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C U E R P O S


Unas palabras de Max Rojas:

ADVERTENCIA PRELIMINAR

CUERPOS es un solo poema, aunque su unidad está dada, únicamente, por las obsesiones de su autor y por su continuidad cronológica, que se inicia, con una sola excepción, en junio de 2003 y prosigue hasta el día de hoy, después de casi cuarenta años de silencio poético.

Para esta fecha, CUERPOS se acerca peligrosamente a las tres mil cuartillas y es hora ya de que empiece a conocerse. CUERPOS es, para mí, como la carta de un suicida, aunque espero no llegar a serlo, y un testamento –el mío, el poético y el humano.

El poema, sin embargo, es ya demasiado extenso como para imaginar siquiera que pudiese publicarse en un solo volumen –caso de que estuviese en su totalidad corregido, lo que aún está muy lejos de ser cierto-- pero, además --lo que sería más grave--, una total falta de respeto para sus posibles lectores. De aquí su distribución en varios libros, cada uno con un título propio pero amparados todos bajo el nombre general de CUERPOS y un número consecutivo que distinga su secesión cronológica, la fecha de su hechura, único orden que, con sus inevitables excepciones, he considerado mantener como guía, en tanto ella le da, cuando menos, algo parecido una coherencia interna, una lógica –o así lo espero, al menos--, que le sirva al lector como una guía para esta poética de cuerpos y fantasmas, que es en lo que terminó –si es que su escritura concluye antes de que el autor emprenda viaje—esta aventura, el testimonio inacabable de plegarias y blasfemias, amor y desamor, ternuras y sarcasmos y el círculo que jamás se rompe, de la culpa, el remordimiento y la expiación que nunca llega y que sólo podría venir de esos cuerpos vueltos sombra y que quedaron como únicos y terríficos habitadores de estos textos y de mi propia vida.

MEMORIA DE LOS CUERPOS es, pues, el primer volumen de la serie y comprende poemas escritos, en su mayoría, entre junio y julio de 2003. A éste seguirán

2} Sobre cuerpos y esferas
3} El suicida y los péndulos
4} Prosecución de los naufragios
5} Las escrituras del silencio
6} Separación de los amantes
7} Los testimonios del ahorcado
8} Celebración desde lo infausto
9} Destrabazón de lo magnífico de un cuerpo
10 El vitriolo que se hunde en los espejos
11} Las consecuencias de la niebla
12} La muerte vestida de color naranja y con silbato adjunto
13} El inmenso tamaño de lo púrpura
14} La razón de los dementes
15} Los fantasmas y los cuerpos
16} Fabricación de los engranes para construir un cuerpo
17} La ebriedad del señor que tocaba los trombones
18} Las enseñanzas del naufragio
19} Las estructuras del vacío
20} Vencedor de otras batallas.
21} Cerrar las puertas.
22} Sobre lo frío de un cuerpo y su materia poética.

Aunque no sería improbable que en el proceso de corrección y reescritura que está llevando a cabo, aparecieran uno o dos volúmenes más.

A partir del segundo título, cada volumen, de unas 120 páginas aproximadamente, llevará su propia numeración específica pero, también, en tipo menor y encerrado entre corchetes y en el borde inferior izquierdo de cada página, la numeración continua según el orden en que fueron escritos. Tal división en libros, sin embargo, es totalmente arbitraria; sucedió que al transcribirlos del manuscrito a la máquina de escribir, al tiempo que se daba un primer paso en la corrección, en cuanto el número de cuartillas excedía la centena los guardaba en carpetas lo más ordenadamente que me era posible, anotando el número que les correspondía y, en algunos casos, la fecha de su escritura.

Tan buenas intenciones no correspondieron, desde luego, a la áspera realidad que me encontré a la hora de pasarlos a la computadora y darles lo que espero sea la última revisada; o, para decirlo más en mis términos, la penúltima copa de mezcal porque la última es la del velorio, y ahí ya uno no puede hacer nada, ni siquiera bebérsela, lo que es el colmo. Volviendo al tema, de los manuscritos desaparecieron incontables cuartillas y de las primeras versiones a máquina, no tantas, porque ya estaban numeradas, pero sí las suficientes como para que hubiera ciertas lagunas que han sido sujetas a nuevas escrituras, en tanto el poema continúa fluyendo a la menor distracción mía.

La idea de ponerles título vino mucho después, a finales de 2004 o mediados del siguiente año y no hay ninguna relación entre título y contenido, pensándolo buen, a partir del libro tres, El suicida y los péndulos, CUERPOS no comienza ni termina en ninguno de los restantes libros, sino que sigue su ritmo incontenible, con la inconsecuente inconsecuencia de que el único signo de puntuación que me ha sido permitido utilizar es el de la muy humilde coma {,}.

No sólo esto, sino que al interior de cada libro no hay tampoco, en muchas ocasiones hilación entre versos. Salta –el poema—de una obsesión a otra y parece que se va pero regresa, enfantasmado, para adentrarse en un espejo y huir hacia regiones frías y convertirse en un trombón que asiste a los velorios para hacerlos un poco más alegres. Es un caso, el de este poema, de una lógica-ilógica o, para que suene un poco más presuntuoso, de una especie de “lógica” poética que no acierto a explicarme, pero que me ha metido en los más oscuros vericuetos del caos y la demencia, así sea en el orden de lo imaginario.

El poema sigue escribiéndose, pero ahora, las nuevos versos se insertan, por sí
solos, en los viejos versos. En este sentido –así lo espero, al menos--, Cuerpos
concluirá –quedará inconcluso, más bien, pero acabará su escritura--, en los
versos finales de Cerrar las puertas, que espero me dé tiempo de dejar en limpio.

Como es obvio en un poema de tantas desmesura, nadie –ni yo mismo, incluso, pues es hasta ahora, en este tránsito en el que estoy metido de la vieja máquina de escribir a la computadora que los estoy desempolvando carpeta a carpeta para darles el último vistazo--, como es obvio, decía, nadie lo ha leído entero –ni creo que haya alguien que lo haga--, de modo que soy yo y mis cofrades gemelos los únicos culpables de aciertos y de errores, repeticiones innecesarias porque otras son como las obsesiones que le dieron fundamento al poema, su esencia misma, e ideas apenas esbozadas que ya no podrán
desarrollarse.

Ahora, a la luz de muy recientes sucesos, se me ocurre pensar que CUERPOS es el poema de la desolación absoluta, del vacío que queda cuando –como dice Quevedo—“hay muchas cosas que pareciendo que existen y tienen ser, ya no son nada sino un vocablo y una figura”.

Max Rojas
Junio 2008




MEMORIA DE LOS CUERPOS


{CUERPOS Uno}



A Sofía Rodríguez




I

Cuerpos,
hay que abolir el tiempo,
regresar a la esfera.
Sólo el círculo salva
y no hay sino la urdimbre fantasmal
de los regresos y los viajes,
las huidas.

Se huye.
Uno se vuelve sombra fatigada
y se disloca,
se cuartea la huesumbre,
el alma se acongoja y pierde su condición
de almario
donde las penas y el amor que se extravió hace mucho
custodian su vigilia permanente
a la espera del sueño,
del regreso corpóreo de lo ido.

Sombra ya
como caída y yerta,
como badajo de campana que suena y suena
sin sonido alguno,
como camión destartalado y sin siquiera
pasaje funeral a los olvidos.
Sombra que ya perdió su propia sombra
en la búsqueda atroz de tantas sombras
--memoria fantasmal,
fantasmas al acecho
y en fuga circular hacia la nada.

Sólo el círculo salva,
Cuerpos,
su peculiar demencia de formas despiadadas
salva
y lo salvífico, después,
se expande en los infiernos,
se desarrolla y se machaca y clama
su condición desesperada de naufragio.
Sólo el círculo ofrece la certeza
de que lo huyente volverá algún día.

Fervor hacia los cuerpos,
las caídas.
La esfera es lo ejemplar de lo radiante,
la luz inmaculada y fría que se asesina
con mirada dura
--y mira,
los cuerpos tan amados que se abaten
en la niebla
hasta volverse sed o agua apenas
vislumbrada,
vislumbres que lo que ya dejó
de ser corpóreo ofrece en gesto de piedad
o desconsuelo
{no se sabe o se sabrá jamás
el peso de la noche cuando todo cae encima de uno
{y lo degüella.

Palpa el demente nada pero palpa,
con avidez, la nada
y sorbe
lo fantasmal que permanece de los cuerpos
cuando huyen
y sorbe entre los huesos el hueco que dejaron
y sorbe la caída
y sorbe los contornos de lo ido y lo quedado
--lo perenne,
lo fijo e inmutable,
pero también, lo que se pierde.
lo que se deja abandonado
o lo que se abandona a sí mismo
y desguarece,
lo extraviado, lo que se hizo a un lado
o se tiró porque ya no servía
pero de todos modos se quedó atorado
en la conciencia.

Conmiseración por el que yace
perdido entre la bruma,
Cuerpos,
el que deambula en los jardines
como lunático perdido en su inocencia
{fe perdida, razón de la añoranza},
en su rotunda necedad de ser cuerpo cercado
por los cuerpos sombríos del recuerdo.

Fe en la contemplación de cuerpos de mujer
que organiza el espíritu,
acechador de carne
y de zarpazo,
para el descanso de su ánima tristona.
Fe en el descenso de las aguas
y fe en la limpieza de la carne
y en lo pecaminoso que, a veces, se guarda
en el espíritu,
fe en la degustación de líquen y de pasto
entre lo impropio del perdón que llega
y la impiedad,
que se resiste a irse.

Manías del extraviado en los espejos
que contempla los cuerpos
congelados,
la salvación hecha un desastre
y envuelta en su envoltorio de cascajo,
la mortandad que avanza y que no cesa
de incrementar volumen.
Sólo el círculo salva,
Cuerpos.
No crujan,
no estampen la estampida en lo cuarteado,
lo que se desmorona y cae y se hunde
sin remedio.
Lo pasional escurre como un cilindro seco
y ya sin música,
y el que tocaba el instrumento falleció
hace ya tiempo
de afónica nostalgia y ahora tartajea
su adiós de cilindrero
ladrando en el silencio,
alma en crisis
que se integra a la noche y se sumerge en ella.

Sólo lo quieto salva y purifica,
Cuerpos,
lo móvil contamina y roe ácidamente
todo lo que semeja cuerpo
o imagen susceptible de volverse cuerpo.

(No hay salida.
Los muertos rondan los espejos
y no cantan,
palpan lo que oscurece y silban mucho).

No crujan.
La esfera es, dicho con toda propiedad,
lo eterno,
lo cristalino y puro que endurece
lo que llamamos lo eternal
--morada fija
o duradera pasión de allí quedarse siempre
y sin mudanza alguna,
vida y muerte quietas,
sombra ensimismada que se adentra en el cristal
y permanece entera,
crepitante

Crujan.
En lo eternal el tiempo no transcurre,
el devenir deviene en lentitud pasmada,
en detenida cualidad de nada,
en incorpóreo cuerpo de vidrio machacado.

No crujan,
pero chirrien,
cuerpos que están después de haberse ido,
como el aire,
como la luz,
inmóviles,
en detención suprema,
lejanos en el tiempo,
cautos,
a la espera de que algo los sostenga siempre
colgados de las sombras que salen de las lámparas,
fieles,
como estatua obligada a custodiar su sueño,
a ser eternamente igual que al tiempo de su origen.

Crujan,
pero no olviden que, a veces,
chirrian las ovejas
y que el metal, tiernísimo,
susurra vagamente o bala sus pesares
o su destino es triste.
Chirrien
o agiten las campanas
o cabalguen por el ancho mundo,
pero no olviden que el olvido es una cosa dura,
pegajosa,
difícil de olvidar aunque se quiera

(Cuerpos,
la esfera es lo abisal,
la condición de la demencia,
la sensación de que la nada es todo
y él todo es un señor que muere vuelto nada)

El círculo es la perfección palpable,
Cuerpos,
el tiempo que se va pero regresa siempre,
como agua que se estanca entre ladrillos viejos,
enmohecidos,
espejo de la sed de lo corpóreo
que permanece, inalterable,
inmune a los desgastes,
cuerpadamente míos,
eternales,
consumación de los amantes en lo abstracto.


(Amor, a fin de cuentas, es vacío}