7.1.10

Max Rojas, tragado por un poema sin fin: La Jornada Guerrero

Chilpancingo, 9 de septiembre. El punto final no forma parte de la ortografía del poeta radical y candente, Max Rojas, que, desde hace seis años comenzó a escribir el mega poema Cuerpos. Aunque ha intentado acotarlo, no puede, hace meses el mismo poema lo hizo a un lado, cobró vida y se lo tragó –como el gran pez a Jonás– para seguir su curso por cuenta propia.

El revolucionario Rojas, no sólo por lo que escribe sino por sus antecedentes de izquierda –pero no la izquierda de ahora, aclara–, no conoce la influencia de su poesía, lo que sabe es que una vez que inicia a escribir, no puede parar, incluso confiesa que el mismo autobús que lo trajo a esta ciudad capital, fue espacio de inspiración para Cuerpos.

Poco después de su llegada a la unidad académica de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), donde por segunda ocasión en los últimos tres años fue homenajeado por estudiantes y académicos de la facultad, accedió hablar con La Jornada Guerrero en un clima de calidez, aunque condiciona que sea en un lugar abierto, donde las fumorolas de su cigarro interminable sean sólo asunto del viento.

La tarde de un domingo lluvioso surgió el deseo del poema que no termina, del poema que ha acumulado hasta hoy 2 mil cuartillas, y que piensa en acumular muchas más, porque sus casi 70 años de vida no se lo impedirán.

Es una obra que intuye, concentrarán los 30 años de silencio.

Después de sus libros de poesía El turno del aullante (1983) y Ser en la sombra (1986), Max Rojas deja de exhalar poesía por tres décadas, pero no deja de ser poeta, por ello el desenfreno de ahora.

En la plática no oculta el gusto por todo lo que logró con El turno del aullante, al grado de convertirlo en el poeta más fotocopiado; sin embargo, acepta no conservar ningún ejemplar.

–¿Cómo surge Cuerpos?

–Una tarde de lluvia voy al Samborns de los Azulejos (ciudad de México) a tomar un vodka, y de repente dije: si vuelvo a escribir, voy a escribir un poema que se llame Cuerpos, que esté dedicado a mis amores de antes.

Cinco años después de esa idea –el 3 de junio de 2003– empezó a “escribir, escribir y escribir, y sigo escribiendo”, dice el autor mientras consume uno, otro y otro cigarro en los pasillos de la facultad.

Platica que al principio creyó que éste sería igual de anoréxico que los dos primeros libros –juntos suman 90 páginas–, “no creí que se fuera a convertir en este diluvio universal sin Arca de Noé”.

“Mi idea era también recrear un poco el ambiente de la ciudad de México en los años 60 y 70, pero de repente el poema se desbocó… se desbocó… se empezó a escribir él sólo, y ha resultado un caos que ya no sé bien a bien de qué se trate. Creo que es un buen poema, hay partes que me descontrolan, que no entiendo qué quise decir”.

Ante eso, Rojas apunta que el poeta “tiene estas partes inconscientes que le llevan a escribir tal cual sale, aunque esté fuera de toda comprensión racional, al fin de cuentas la poesía no tiene por qué ser racional”.

–¿Qué encontramos en el poema?

–Sin ser religioso, hay aspectos de la religión. Es un poema lleno de oposición, vicio, virtud, carne, espíritu, luz, oscuridad, cielo e infierno. Me salió el aspecto sardónico, sarcástico que yo no me imaginaba que tenía, me burlo de todo y me tomo en serio todo”.

–¿En Cuerpos hay 30 años de silencio?

–Es muy probable que sí, evidentemente no escribí en 30 años, pero no dejé de ser poeta. No estoy muy seguro si quiero convertir el caos en orden, o si quiero por el contrario desordenar aún más al caos, y volverlo totalmente caótico. A veces me siento que estoy en un mundo totalmente caótico.

–¿Cuál es su influencia para hacer poesía?

–Ni idea, yo diría y algunos críticos que conocen no toda la obra, decimos que no hay influencia, por lo menos no notoria, no hay influencia determinante. Y es que el poema –en alusión a Cuerpos– que muchas veces se está escribiendo solo, dijo algo así ‘pinche poeta hazte a un lado’ y arrancó por su lado, sin tomarme mucho en cuenta, yo mismo me digo qué estás escribiendo.

–¿Y el infrarrealismo, dónde queda?

–En un inicio, los infra fueron mis primeros fans, por decirlo de algún modo, me llevé con ellos, pero pese a que yo no soy un modelo de virtud me daba miedo, porque ellos eran terroríficos. Nos seguimos viendo.

El infrarrealismo para Max es un movimiento interesante, que se adelantó a su tiempo, y lo calificó como un misterio, “ellos (los infra) elaboran su mito, y cuidan mucho su mito”.

Sin embargo consideró que su poesía, sobre todo el poema que no termina, no tiene etiqueta.

En su “locura”, dijo, hará de este poema, un poema inacabable, porque quizás “tal vez sólo se interrumpa cuando yo me muera, pero no va a tener un punto final”.

Hasta hoy Cuerpos está dividido en 24 volúmenes, de los cuales cuatro se han publicado entre 2008 y 2009, dos más saldrán a finales de este año.

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